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A diferencia de lo que sucedía a comienzos de siglo, no existe hoy guerra alguna en los motores de búsqueda. Simplemente, Google Search es una estrella gigante y el resto orbitan a su alrededor como pequeños planetas alrededor del sol.

Ciertamente, en búsquedas no hay quien tosa a Google. La caída de Yahoo! ha sido estrepitosa y el Bing de Microsoft no ha sido capaz de aumentar usuarios en número suficiente para reducir la enorme presencia de Google. Al contrario, el gigante de Internet mantiene cuotas cercanas al 70% (y superiores) en la mayoría de regiones. Y no hace falta recordar que este tipo de aplicaciones son vitales en la Internet de hoy, dando acceso a multitud de servicios y a toda la tarta publicitaria. Además, para el que quiere verdaderas alternativas (si hablamos de privacidad), dejar Google y usar Microsoft, no deja de ser más de lo mismo, pero peor.

DuckDuckGo sí es una verdadera alternativa; un motor de búsqueda que apuesta por la privacidad como característica principal y que ha aumentado su base de usuarios de manera extraordinaria. En una época en la que parece que casi todos los principales servicios de Internet buscan traficar y vender datos personales es lógico que un motor de búsqueda pro-privacidad esté experimentando un crecimiento masivo.

Lo que ya no es tan normal es que Jack Dorsey, el CEO de una gran empresa como Twitter, diga públicamente que DuckDuckGo es su motor de búsqueda predeterminado:

 

DuckDuckGo no es un rival real de Google en número de búsquedas. Puede promediar alrededor de 40 millones de consultas al día mientras que hay estimaciones de que Google Search mueve alrededor de 5.800 millones de búsquedas diarias. Sin embargo, el crecimiento explosivo de aquél es una prueba de la reacción del usuario ante las numerosas violaciones de privacidad y la búsqueda de servicios que valoren su información personal.

El tweet de Dorsey equivale a un respaldo gigante para un motor de búsqueda pequeño, y como dicen en TNW nos gustaría pensar que también es un guiño a priorizar el derecho a la privacidad. Ya que estamos con las manos en la masa, ¿Por qué no damos ejemplo, Jack? ¿Qué tal si finalmente lanzamos esos mensajes directos cifrados de extremo a extremo en Twitter?