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Hasta que la transición a IPv6 no esté completa, los arquitectos y administradores de la red tendrán que tirar cada vez con más frecuencia de la chequera y esto puede repercutir en el usuario.

Todas las máquinas conectadas a Internet tienen una dirección IP, un número que las identifica y que tradicionalmente esta formado por 12 dígitos en bloques de tres cifras. Es fácil intuir dónde está el problema. Ese formato solo permite generar 4.300 millones de combinaciones únicas. Con cada vez más dispositivos conectados, tarde o temprano nos íbamos a quedar sin números para asignar.

Ese día ha llegado. RIPE NCC, el último de los cinco registros regionales que todavía tenía disponibles direcciones IPv4 (las que usan este formato de 12 dígitos) para asignar, comunicó ayer que había agotado sus reservas. Quedan algunos bloques testimoniales en algunas regiones del mundo pero en general podemos decir que todas las combinaciones posibles de números IP ya pertenecen a alguien (una empresa, un proveedor de conexión a Internet, un gobierno...) o están reservadas para usos especiales.

Bien, ¿qué pasa ahora? Los registros regionales aún pueden recuperar algunos de los bloques de direcciones IP asignados hace tiempo y que han quedado en desuso. "Continuaremos recuperando direcciones IPv4 en el futuro. Vendrán de organizaciones que han cerrado sus negocios o cuyas cuentas que están cerradas, o de redes que devuelven direcciones que ya no necesitan", explica RIPE NCC, pero estas pequeñas cantidades no se acercarán a los millones de direcciones que suelen ser necesarias para el correcto despliegue de nuevos servicios y empresas.

Un mismo número IP puede utilizarse también varias veces de forma simultánea bajo ciertas condiciones, usando lo que se conoce como NAT (traductor de direcciones de red), que a grandes rasgos es una tabla que permite a un router en una red enmascarar ciertas direcciones y dirigir los paquetes de datos a su destino correcto sin que otros nodos de la red se confundan por la duplicidad de los identificadores.

Pero desde hace tiempo que los responsables de la arquitectura de Internet tienen una solución más lógica: IPv6. Es una nueva versión del protocolo de internet que comenzó a diseñarse en 1999 y utiliza direcciones más extensas, de ocho grupos de cuatro cifras hexadecimales.

Con este sistema de ordenación es posible generar 340.282.366.920.938.463.463.374.607.431.768.211.456 direcciones diferentes. Suficientes, cabe suponer, para varias décadas de crecimiento de la red, incluso teniendo en cuenta que cada vez habrá más objetos inteligentes y permanentemente conectados.

Estas direcciones llevan tiempo asignándose (hay regiones que se quedaron sin IPv4 hace años) y el protocolo IPv6 está diseñado para ser interoperable con las anteriores direcciones.

Pero, por supuesto, nada en el mundo de la informática o la arquitectura de redes es tan simple como parece. Muchos de los sistemas aún en funcionamiento no se han actualizado correctamente o dan problemas a la hora de utilizar IPv6 y por eso aún en muchos casos sigue siendo necesario o preferible usar direcciones IPv4.

Esto va a tener consecuencias. Para la mayoría de nosotros el número IP no es importante. Cuando nuestro teléfono u ordenador se conecta a la red la operadora o el proveedor de acceso nos asigna uno dinámico. Si dejamos de usarlo se reutiliza para otro usuario y se nos asigna uno nuevo en caso necesario. Muchos operadores, de hecho, ya asignan números IPv6 por defecto o números IPv6 junto a números IPv4.

Pero con un número limitado de direcciones disponibles, los operadores van a tener que empezar a hacer acopio de números IPv4 o correr el riesgo de quedarse sin números que asignar cuando muchos clientes estén conectados de forma simultánea. Los bloques de números IP se pueden comprar a empresas y organizaciones que estén dispuestos a prescindir de parte de sus IPs asignadas, pero su coste está subiendo rápidamente.

El año pasado se vendieron cerca de 45 millones de números IP con un coste medio de 17 dólares por número. Hace sólo cuatro años el precio rara vez superaba los 6 dólares. Varios analistas creen que pronto el precio actual podría incluso duplicarse y estos costes acabarán repercutiendo en los usuarios.

Para aquellos que necesitan números fijos, la situación es más preocupante aún. Hoy en día los proveedores de acceso a Internet ya suelen cobrar por la asignación de direcciones fijas a sus clientes. La escasez posiblemente hará que conseguir una dirección fija IPv4 pase a costar mucho más.

Y en casos donde la asignación de IP fijas no solían cobrarse, como ocurre en los proveedores de hosting, hace tiempo que las empresas ensayan con fórmulas para tratar de rebajar la demanda. Amazon, por ejemplo, no cobra a los usuarios de AWS por las IP fijas asociadas a servidores activos pero sí por aquellas que son "flotantes" o que no están asignadas a un servidor en concreto pero que los usuarios mantienen reservadas. De nuevo, cualquier cambio que refleje el mayor coste para Amazon u otras compañías de hosting acabará repercutiendo en los usuarios, aunque sea de forma indirecta.

Internet no va a colapsarse ni a dejar de funcionar. Todo seguirá mañana más o menos como ayer, pero hasta que la transición a IPv6 no esté completa, los arquitectos y administradores de la red van a tener que agudizar el ingenio o tirar cada vez con más frecuencia de la chequera... que al final terminamos pagando todos.

Fuente: https://www.ripe.net